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domingo, 5 de julio de 2020

«Sinfonía n.º 39 en mi bemol mayor, K. 543»... Una de las últimas sinfonías de Mozart

La Sinfonía n.º 39 en mi bemol mayor, K. 543, es una de las últimas sinfonías de Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 27 de enero de 1756-Viena, 5 de diciembre de 1791). Este prolífico compositor finalizó esta composición el 26 de junio de 1788 en un verano en el que compondría también sus dos últimas sinfonías: la n.º 40 (25 de julio), y la n.º 41 (10 de agosto).

La obra consta de cuatro movimientos: I. Adagio - Allegro. II. Andante con moto. III. Menuetto: Trío. IV. Allegro. 

I. Adagio - Allegro.
El primer movimiento empieza con una introducción majestuosa (Adagio) con unas fanfarrias a cargo de la sección del metal. A continuación viene un Allegro en forma sonata, con algunos contrastes muy marcados de intensidad, muy en el estilo galante que forma parte de sus primeras sinfonías. La independencia de la sección de viento, la gran interacción de las partes en general, y el hecho de que se combina con el segundo grupo que contiene unos cuantos temas, incluyendo un tema que camina, especialmente adecuado. Estos son sólo algunos de los puntos que distinguen este movimiento de aquellas obras de juventud, con las que tiene más diferencias que similitudes.

II. Andante con moto.
El movimiento lento, en la forma sonata abreviada, es decir, sin la sección del desarrollo, empieza silenciosamente en la sección de cuerda y se expande al resto de la orquesta. Caracteriza a este movimiento el material principal y las transiciones bastante agitadas y enérgicas. La comparación con la quinta sinfonía de Franz Schubert sugiere que podría haber tenido esta sinfonía de Mozart como referente.

III. Menuetto: Trío.
El minueto y el trío son muy interesantes. El trío es una danza folclórica austríaca denominada «landler» y presenta un solo de clarinete. El Menuetto es enérgico es incitado por el carácter del trío con el segundo clarinete que toca arpegios en su registro grave, el de chalumeau.

IV. Allegro.
El movimiento final también sigue la forma sonata; el tema principal del cual, como en el último Quinteto de cuerda en re, es básicamente una escala, ascendiendo y descendiendo. La sección del desarrollo es dramática; no hay ninguna coda, pero tanto la exposición, como el desarrollo en la parte final de la recapitulación, son repetitivos.

Disfruten de esta maravillosa pieza de Mozart:

domingo, 14 de julio de 2019

«Sinfonía n.º 1 en mi bemol mayor, KV. 16»... Una composición de Mozart, en su niñez.

Hoy tengo el gusto de invitarles a escuchar la Sinfonía n.º 1 en mi bemol mayor, KV. 16, de Mozart (Salzburgo, 27 de enero de 1756-Viena, 5 de diciembre de 1791). Una obra que fue escrita en 1764 cuando tenía tan solo ocho años de edad. En aquella época, Mozart ya era conocido en toda Europa como un «wunderkind« (o sea un niño prodigio), pero hasta el momento sólo había compuesto pequeñas piezas musicales.

Esta pieza musical fue escrita durante el viaje de la familia Mozart por Europa, concretamente en su estancia en Londres, cuando tuvieron que trasladarse a Chelsea a causa de la enfermedad de su padre don Leopold Mozart. La casa, en el número 180 de la calle Ebury, ahora en Westminster, lugar donde esta sinfonía fue escrita, ostenta una placa conmemorativa en la fachada. El estreno de la sinfonía tuvo lugar el 21 de febrero de 1765.

Es una obra que ciertamente, debido a la edad del compositor y como consecuencia de sus maestros muestra cierta influencia de numerosos compositores, incluidos su padre y los hijos de Johann Sebastian Bach, especialmente Johann Christian Bach, un importante sinfonista que Mozart conoció cuando vivían en Londres. El facsímil de la partitura autógrafa de esta pieza se halla en la actualidad en la Biblioteka Jagiellońska de Cracovia.

No comento más y les dejo a que con la misma admiración que yo, disfruten de esta obra:

domingo, 30 de junio de 2019

El Quinteto para cuerdas n.º 5 en re mayor, K. 593... Música de Mozart

Los seis «Quintetos para cuarteto de cuerdas y una segunda viola», forman un pequeño corpus de singular significación en el arte de Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 27 de enero de 1756-Viena, 5 de diciembre de 1791). Al igual que la quinta voz en motetes y madrigales de los siglos XVI y XVII, el quinto instrumento añadió a la formación reina de la música de cámara una dimensión nueva en profundidad de pensamiento y calidad de textura. Permite mayor variedad en los diálogos y nuevas e ingeniosas combinaciones en armonía y contrapunto.

En el caso de Mozart, los quintetos nos permiten además seguir paso a paso la evolución de su arte desde los 17 años hasta su madurez. Dos de ellos son obras muy finales, y uno —el KV 614— fue terminado poco antes de su muerte, como el Requiem o La clemenza di Tito; pero disponemos del punto de referencia de sus años en Salzburgo (el primero de los Quintetos, el KV 174), el de sus primeros años vieneses (Serenata en Do menor KV 388, transformada luego en el Quinteto KV 406,), y el su plena actividad en la capital del Imperio (los KV 515 y 516). No cabe más en menos.

El Quinteto para cuerdas n.º 5 en re mayor, K. 593, fue escrito por en el año de 1790. Como todos los quintetos de cuerda de este espléndido compositor, se trata de una obra escrita para lo que se conoce como «quinteto con viola», ya que la instrumentación consiste en un cuarteto de cuerda más una viola adicional (es decir, dos violines, dos violas y un violonchelo). 

La composición es hermosa, gira entre la calma y la gran armonía de Mozart y uno no se cansa de escucharlo. Consta de cuatro movimientos: I. Larghetto - Allegro, II. Adagio, III. Menuetto: Allegretto y IV. Allegro.

Disfrútenlo:

domingo, 8 de julio de 2018

«París»... La sinfonía n.º 31 de Mozart

¡Le debo una disculpa a Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791)! La Sinfonía n.º 31 en re mayor, «París», es una de sus sinfonías más conocidas y no había hablado de ella. La acabo de escuchar en vivo el 23 de junio en la espléndida sala de conciertos del Centro Cultural Roberto Cantoral. En el catálogo Köchel es la K. 297 (con el segundo movimiento original) y la K. 300a (con el segundo movimiento nuevo). 

En el año de 1778, allá por el mes de marzo, Wolfgang viajó a París acompañado de su madre con el objetivo de encontrar un buen puesto de trabajo allá. Pero este deseo no se cumplió y además Mozart no compuso mucho en París y para colmo, en el transcurso de aquella estancia en tierras parisinas, antes de regresar a Salzburgo, murió su madre. Su éxito más grande de este tiempo fue esta sinfonía que es, como digo, de las más conocidas y además una de las más interpretadas. Esta obra le fue encargada por Joseph Legros, el director del cConcert Spirituel, una de las instituciones más importantes de Francia. Por ello, Mozart se atuvo al estilo parisino que prescinde de un minueto y está provisto de timbales, trompetas y también clarinetes (fue ésta la primera vez que los añadía en sus obras, luego en su última etapa como compositor, éstos ocuparían un lugar preponderante). Aunque a Legros le gustó mucho la sinfonía, le pidió que cambiara el segundo movimiento, debido a que lo consideró demasiado complicado para el público. Mozart accedió a los deseos de Legros, algo fuera de lo normal en él, lo que muestra la importancia que le dio para ganarse su favor. Ambos movimientos se han conservado, tanto el original, como el que Mozart compuso a medida de los deseos de Legros. Pero la ciencia mantiene algunas discrepancias acerca del orden.

La historia de la composición de esta sinfonía, que consta de tres movimientos, muestra claramente  lo importante que era para Mozart ganarse la simpatía de los parisinos, aunque a él no le gustaba mucho su sensibilidad musical. La representación de la sinfonía n°. 31 de Mozart se convirtió en un éxito. 

El 3 de julio de ese año, casi un mes después del estreno de la obra, Mozart, con gran sencillez, escribió a su padre una carta en donde le compartió sus sentimientos: «Rogué a Dios que todo saliera bien, porque todo es para su mayor honor y gloria... estaba tan feliz, que en cuanto terminó la sinfonía me fui al Palais Royal, donde me comí un gran helado, dije un rosario como lo había prometido, y me fui a casa». ¡Escuchen y gocen esta belleza en este video con Adam Fischer dirigiendo a la Danmarks Radio Orkestret!

domingo, 13 de agosto de 2017

«Sinfonía nº 40 de Mozart en Sol menor»... Una de las más conocidas sinfonías de Mozart

Nadie se sabe la razón por la que Wolfgang Amadeus Mozart ((Salzburgo, 27 de enero de 1756-Viena, 5 de diciembre de 1791) escribió sus tres últimas sinfonías en un tiempo record de seis semanas, durante el verano de 1788, una de las etapas más tristes del compositor, pues a su precaria situación económica se sumó que el estreno de su ópera «Don Giovanni», en Viena, había sido un fracaso y, sobre todo, porque tres días después de terminar la 39 murió su hija Teresa, nacida el año anterior.

Célebre por su primer movimiento, sumamente popular, es una de las dos únicas sinfonías escritas por Mozart en tonalidad menor. La nº 40  y la  nº 25, también en Sol menor, son las dos únicas obras en modo menor que compuso el compositor  austriaco pera el género sinfónico.

Al igual que sucede con la sinfonía Júpiter —la número 41—, no existe prueba documental de que haya sido interpretada en vida del compositor. Pero Mozart realizó cambios en ella, y se conservan ambos manuscritos, lo que ha llevado a un estudioso a afirmar, razonablemente, que el compositor «no se hubiera tomado el trabajo de añadir las partes de los clarinetes y reescribir las de flautas y oboes si no las hubiese escuchado interpretadas».

Su orquestación tiene dos versiones: en la primera la  orquesta clásica, sin trompetas y timbales, está formada por   la sección de cuerda  con una flauta, dos oboes, dos fagotes y una trompa en Sib (Corno in B alto) y otra en Sol (Corno in G). En la segunda  versión Mozart reescribe la parte de oboes e incorpora dos clarinetes. Su estructura en 4 movimientos sigue los convencionalismos típicos de su época: Molto allegro, Andante, Menuetto - Allegretto - Trio y Finale - Allegro assai.

El primer movimiento, contiene las características típicas de la  Forma sonata, con un desarrollo extenso basado en el motivo inicial  del tema principal que se combina con un pasaje de ritmo continuo de corcheas. El tema secundario contiene sutilezas orquestales en los cambios entre cuerdas y madera que dan un color único a una melodía de carácter cromático.

El segundo movimiento, el Andante, también con  Forma sonata, se inicia con una textura imitativa que, de agudo a grave, asciende en la sección de cuerdas, con ayuda de las trompas.

El tercer movimiento  el Menuetto - Allegretto - Trio, que genera juegos rítmicos que contrastan al alegretto con la sencillez del Trio.

Con el cuarto movimiento, también en  Forma Sonata, se culmina y concluye toda la sinfonía.

Los dos primeros videos muestran al genial compositor austriaco Nikolaus Harnoncourt dirigiendo la obra en dos ocasiones:




Esta es una versión con la sinfónica de Galicia


Y para quien le gusta la salsa, aquí está esta simpática versión:

domingo, 24 de julio de 2016

EDWARD YUDENICH... La pasión por la música en un bastante joven director de orquesta

Estoy seguro de que siempre ha habido numerosos talentos, «niños prodigios» realizando tareas ambiciosas a nivel profesional. Me basta recordar lo que decían de Mozart y otros músicos. La diferencia ahora es que tenemos internet y con un clic vemos y participamos de la vida maravillosa de estos prodigiosos niños.

Edward Yudenich, es un director de orquesta que actualmente tiene 12 años de edad. A la edad de 7 años, dirigió la Orquesta de Uzbekistán fascinando a la audiencia por su soltura y naturalidad.  Yudenich dirige sin esfuerzo alguno, dejando ver la pasión que tiene por la música y además con un aire desenfadado y divertido que solamente un niño puede tener. Su pasión contagia a todos los miembros de la orquesta.

Si él dirige esta orquesta a la edad de 7 años... ¿A qué edad empezó a tocar el violín? ¿En que momento empezó a ser Primer Violín para finar la orquesta?

He tratado de buscar más datos en los ratitos que tengo para entrar a Internet y no encuentro casi nada de este gran músico, salvo que es alumno del Conservatorio de Uzbekistán y que actualmente reside en Nueva York, donde enseña dirección orquestal.

Un director de orquesta señala el bastón de mando para el músico con la batuta que indica el tiempo correcto que tiene que entrar a tocar el instrumento, ya sea violín, viola, fagot, clarinete, flauta , la placa, etc., de modo que la música se desarrolle adecuadamente. Si el gesto va mal en el momento equivocado, la orquesta se descompassa porque los músicos están capacitados para esperar la orden del director.

Conociendo este importante detalle, saben por qué me quedé impresionado y este domingo, no hablo de un músico, sino de un director, que, no dudo, será uno de los grandes compositores del futuro si Dios le da vida y salud, porque la pasión... ¡le sobra!

Les dejo tres videos donde el pequeño Edward dirige una obra de Strauss, una de Mozart y una de Liszt:




domingo, 12 de junio de 2016

«Concierto para piano y Orquesta en Re menor de Mozart, K.466»... Mitsuko Uchida al piano y dirigiendo

Ya había invitado a escuchar una vez a esta extraordinaria pianista. Ahora vuelvo mis oídos nuevamente hacia Mitsuko Uchida para escuchar el «Concierto para piano y Orquesta en Re menor de Mozart, K.466 en una dirección e interpretación más que maravillosa. Por encima incluso de sus sinfonías, los conciertos para piano de Mozart significan el más perfecto logro de la expresión sinfónica dieciochesca. En lo que respecta a la propia producción de Mozart, a excepción de sus óperas, es en dichos conciertos para piano donde queda más cabalmente plasmado lo mejor de su expresión y su aportación más firme a la historia de la música. 

Entre 1784 y 1786 Mozart compuso, aparte de otras obras considerables, la asombrosa cantidad de doce conciertos para piano. El inmortal genio de Salzburgo se sirvió de ellos y de su interpretación pública para asegurar su supervivencia. Dichos conciertos, que suponen lo más granado y maduro del género, presentan como rasgo común una curiosa dualidad: Por un lado fueron las obras más personales creadas por Mozart debido a que él mismo debía ser el intérprete solista en las ejecuciones. Por otro lado, Mozart no cayó en el virtuosismo fácil solista, sino que quiso conservar el encanto que él mismo encontraba en los conciertos para solista y orquesta. Como el mismo Mozart declaró, “estos conciertos son un justo medio entre lo fácil y lo difícil, brillantes, agradables al oído pero sin llegar a ser triviales”. El pianoforte de la infancia de Mozart, de sonido tenue y ligero, se convirtió a lo largo de sus obras de madurez en el poderoso piano que llegaría a ser vehículo indispensable para la posterior expresividad romántica.

Esta composición está fechada en Viena el 10 de febrero de 1785 y fue estrenada en esa misma ciudad al día siguiente. La instrumentación incluye los efectivos habituales de la época destacando la utilización de timbales (afinados en tónica-dominante) que unido a la tonalidad menor de la obra le confieren un marcado dramatismo. El violonchelo y el contrabajo comparten el mismo pentagrama, sonando este último una octava inferior. Se puede considerar que este concierto es el más dramático de la producción mozartiana. Precede y desarrolla aspectos musicales y estéticos que posteriormente estarán presentes en la ópera Don Giovanni, del mismo compositor. Está escrito en la misma tonalidad que otras piezas sobresalientes de la obra mozartiana, como el Réquiem o la ópera Don Giovanni, en re menor.

Pocos días después de su estreno, Leopold Mozart, su padre, visitó Viena y le escribió a Nannerl sobre el reciente éxito de su hermano: "He escuchado un nuevo concierto para piano, excelente, de Wolfgang. El copista todavía trabajaba en él cuando llegamos, y tu hermano no tuvo tiempo para ensayar el rondo porque tenía que supervisar el copiado".

Ludwig van Beethoven admiraba este concierto y lo mantenía en su repertorio cuando joven. Escribió varias cadenzas, algo que también haría Johannes Brahms. Actualmente se suelen utilizar con frecuencia las cadenzas de Beethoven, mientras que otros intérpretes prefieren hacer improvisaciones 

Los tres movimientos del concierto son: Allegro (rápido), Romanza (lento) y Rondó: Allegro assai (muy rápido). Es interesante señalar que el tercer y último movimiento recibe el nombre de Rondó por cuanto esa es su forma musical, por su parte, el Allegro assai se infiere del contexto. Ninguna de estas dos indicaciones aparece en el autógrafo de Mozart. Por el contrario, el Allegro y la Romanza del primer y segundo movimiento respectivamente, sí están indicados por el propio Mozart.

Por supuesto hay muchas otras interpretaciones pero a mí ésta... ¡sencillamente me encantó!

domingo, 27 de diciembre de 2015

«SALZBURGO»... El concierto N° 3 para violín de Mozart... Una pieza que habla de un talento superior

Wolfgang Amadeus Mozart tenía 19 años cuando compuso los cinco conciertos para violín, mientras se desempeñaba, muy a su pesar, en la orquesta de su torpe patrón Colloredo, príncipe arzobispo de Salzburgo, donde ocupaba la plaza de primer violín. Wolfgang, de la mano de su padre, hacía rato que había recorrido media Europa tocando el clavecín junto a Nannerl, su hermana mayor; había asombrado a medio mundo como tecladista pero su genio con el violín era solamente conocido por los pocos que habían tenido la fortuna de escucharlo en Salzburgo o en alguna modesta corte de los alrededores.

Su padre Leopold, que algo sabía de violines —había escrito uno de los primeros tratados pedagógicos de la historia, sobre el violín— le escribió alguna vez en una carta: "...sucede que tú mismo no eres consciente de lo bien que tocas el violín". Mucho más tarde, curiosamente, insistió: "Si hubieses querido, habrías llegado a ser el mejor violinista de Europa". Aquel entusiasta papá no se había percatado aún de que su hijo iba a ser el más grande compositor del periodo clásico.

Un año antes de la composición de los cinco conciertos, Wolfgang había recibido la negativa de Colloredo ante su solicitud de viajar a Viena para darse a conocer y relacionarse con otros músicos. De modo que se cree que los conciertos para violín los compuso pensando en un futuro y definitivo alejamiento de la corte de Salzburgo, para presentarse en Alemania o Francia, donde podría brillar también como violinista, siguiendo las indicaciones de su papá.

Sea como fuere, Mozart compuso, en un tiempo récord, entre abril y diciembre de 1775, cinco conciertos para violín que constituyen un precioso testimonio de la elegancia y el estilo galante que, imaginamos, habrá sido la usanza en la corte de Salzburgo, hace más de dos siglos.

El concierto N° 3, en sol mayor, K. 216, estructurado en los tres movimientos tradicionales: rápido, lento, rápido, es uno de los más demandados por el público e intérpretes de nuestro tiempo. Con la violinista norteamericana Hilary Hahn de solista, acompañada por la Stuttgart Radio Symphony Orchestra dirigida por Gustavo Dudamel, se presentó en 2007 como regalo de cumpleaños del Papa Benedicto XVI.

La historia dice que, como de costumbre, un poco en broma y un poco en serio, Mozart dijo de este concierto que "sólo hubiese podido ser escrito por un hombre de talento superior". Nada de finales brillantes. A su término, la pieza parece despedirse, con suprema elegancia, porque necesita tomar un descanso.


domingo, 22 de febrero de 2015

El Concierto para Clarinete La Mayor K. 622...Mozart, de nueva cuenta

Hoy nuevamente vuelvo a Mozart, luego de un buen tiempo de no poner algo de él. Toca el turno esta vez a su Concierto para clarinete en La mayor, K. 622, una obra que fue compuesta en Viena en 1791 para el clarinetista Anton Stadler, gran amigo y cofrade masón de Mozart. La obra está compuesta para se interpretada por el clarinete y la orquesta.

La orquesta que acompaña al solista, en esta obra, es pequeña, pues consta de dos flautas, dos fagots, dos trompas y cuerdas. Está escrito en la misma tonalidad que el Quinteto para clarinete y el Cuarteto K. 581, que también fue destinado a Stadler.

A diferencia de todos los demás conciertos de Mozart, este no prevé una cadenza para el solista en su primer movimiento, aunque sí en el Adagio.

Creo que no una, sino varias veces habrán escuchado este concierto, ya que es imprescindible en el repertorio de cualquier clarinetista.

En las últimas décadas se difundió la costumbre de ejecutarlo con un clarinete especial, llamado «Clarinete bassetto», que llegue en el registro grave al Do escrito (los clarinetes comunes llegan solamente hasta el Mi) y originalmente Mozart así lo había pensado, aunque fue el mismo Stadler quien hizo adaptaciones para que fuera interpretado por cualquier clarinete. 

Mozart varias veces exigió esta extensión a Do en la escritura para el instrumento, como en el aria "Parto, ma tu ben mio" de la ópera «La clemenza di Tito». El manuscrito del concierto no se ha conservado y lo que se ha transmitido es la transcripción que el propio Stadler hizo para posibilitar, —como mencioné— la ejecución en clarinetes comunes. Sin embargo, diversos pasajes en los tres movimientos cobran plena significación cuando se tocan en clarinete bassetto, porque se evitan saltos de octava que fragmentan el discurso musical.

Esta obra es habitualmente comparada con el Quinteto para clarinete y cuerdas debido a las diversas similitudes existentes en relación a la tonalidad, la estructura, el carácter, la dedicatoria y la cercanía en la fechas de composición.

¡Disfruten de este concierto!:

domingo, 7 de septiembre de 2014

«LA MISA DEL ORFANATO»... Maravillosa composición de Mozart

La Misa n.º 4 en do menor, K. 139/47a, también conocida como Waisenhausmesse o Misa del orfanato es una Misa compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart, de quien ya he hablado bastante en otras ocasiones.

Esta es una composición que él hizo por encargo, para la consagración del templo del orfanato de Viena, el 7 de diciembre de 1768. El estreno de la obra se produjo en el trascurso de la Misa Solemne de la consagración del lugar sagrado aquel día. La obra se clasificaría como una "Missa Solemnis", debido a la orquestación empleada por Mozart; por otra parte, debido a la solemne ocasión a que iba destinada la obra, Mozart no solo puso música a las secciones del ordinario de la Misa, sino también a una sección del propio: el ofertorio Benedictus sit Deus.

Mozart utilizó en esta obra la forma de la "Missa cantata": así, la obra se divide en arias, duetos y coros. Las secciones Cum Sancto Spiritu del Gloria y Et vitam venturi saeculi del Credo, están escritas en forma de fuga.

Por otra parte, casi todas las secciones lentas de esta obra musical están compuestas en modo menor: el inicio del Kyrie (Adagio), el Qui tollis del Gloria, el Et incarnatus est, el Crucifixus y el comienzo del Agnus Dei se caracterizan por sus tempi lentos, acordes con su significado litúrgico. El resto de las secciones de la misa hacen uso de medios expresivos muy próximos a los que se usaban en la ópera de la época.

Aquí les dejo estas dos versiones:


domingo, 23 de marzo de 2014

MISSA BREVIS KV 49... la primera Missa Brevis de Mozart

Hay obras de música clássica de grandes compositores que no son muy conocidas y por lo tanto son muy poco interpretadas, sonre todo música sacra, que ha quedado casi en el olvido. Tal es el caso de la obra que hoy quiero compartir y de la que casi no hay datos.

Todos conocemos la inmensa cantidad de música que Mozart compuso, ya he hablado en otras ocasiones de él. En el año de 1768 Leopold Mozart pasa todo el año con sus dos hijos en Viena, donde Wolfgang (Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart) completa en entre otras cosas, el Singspiel “Bastian y Bastinana “. Durante esta segunda estancia en Viena, Mozart escribe su primera Misa, probablemente entre Octubre y Noviembre. Un trabajo modesto para un conjunto  dos violines, viola, bajo, órgano y coro.

Aunque el trabajo reporta una gran innovación en los modelos de Salzburgo, la habilidad del compositor de 12 años de edad en aquel entonces, es sorprendente. En el Gloria él resuelve este por una motivante relación  de los todas las líneas melódicas, una técnica que habrá de desarrollarse hacia un arte refinado en sus posteriores Misas de Salzburgo.

Parece ser que fue un Jesuita, Ignaz Parhammer, rector del orfanato de Rennweg, quien por el ardor que le muevía en lo tocante a la «música divina», invito al adolescente prodigioso a componer piezas religiosas.

Las primeras misas de Mozart se mueven en una estructura de «stilus mixtus», típico del tardobarroco y alejado de la pureza de la música sacra; y oscilarán hasta la madurez, en una inspiración más sobria y una visión más «italiana» y coloreada, entre un género de misa más íntima y expresiva.

En esta misa, de construcción breve y concisa, el vínculo con el estilo más antiguo y riguroso parece todavía firme: la escasa participación de la orquesta, la modesta independencia de las voces, el empleo de materiales ajenos (las obras de J.S. Bach y Händel) y la unidad del estilo y de la melodía son otros tantos signos de la «resistencia» de una tradición musical sacra que el compositor llevaba en la sangre.

Un detalle curioso de la obra es que en esta misa Mozart incluyera las violas como homenaje a la tradición vienesa, mientras que, de vuelta a Salzburgo, en la siguiente misa, que es la KV65 dicho instrumento desaparecerá por completo de la orquesta.

domingo, 7 de abril de 2013

PURE CLASSICS... Volver a escuchar a David Garrett

Ya en otra ocasión he hablado del superestrella del violín David Garrettseñalado por el Libro Guinness de los Récords desde mayo de 2008 como el violinista más rápido del mundo. La prueba, para ver quien es el más veloz, consiste en tocar «El vuelo del abejorro» de Nikolái Rimski-Kórsakov lo más rápido posible, sin fallos y de manera que siga siendo reconocible la melodía. Consiguió este mismo récord en dos ocasiones. En la primera paró el tiempo en 66,56 segundos, unas trece notas por segundo. En la segunda ocasión, en diciembre de 2008 en la mismo Guinness World Records show, Garrett consiguió tocar la pieza en tan sólo 65,26 segundos.

Hoy quiero hablar de su disco «Pure Classics» y por supuesto, invitar a mis cinco seguidores a escucharlo. Este disco lo grabó en el 2002 y está integrado de piezas selectas de Paganini, Mozart, Bach, Tchaikovsky, Beethoven y Conus. Se puede decir que les hablo de un disco de la etapa en que Garrett no era tan conocido, como lo es ahora que ha fusionado mucha de la música clásica con el rock, acercándola a la gente joven y haciendo ver a todos cómo la música clásica es base para toda música. Garrett dice: «Es fácil explicar la comparación de un hit del desparecido Michael Jackson con un concierto de violín de Wolfgang Amadeus Mozart: La base armónica de 'Smooth Criminal' se parece a una famosa marcha turca en la última parte del concierto de Mozart. Sólo que Mozart, naturalmente, no había previsto las guitarras eléctricas ni la batería.».

En este disco Garrett nos ofrece temas de una pureza excepcional, algunos de los cuales en épocas recientes los ha combinado con el rock, al estilo de otros músicos como Vanessa Mae y Bond.

Me parece destacada la forma en que interpreta a aPaganini en este disco. Se han hecho muchas versiones de las diferentes obras de este brillante compositor y violinista, pero el hecho de ser interpretada parte de esta obra maravillosamente al violín por este músico es de admirarse.

Del resto de los compositores mencionados, hay un poco de todo; maravillosas composiciones que suenan a la perfección interpretadas al violín por David Garrett. 

En definitiva, se trata de un disco bastante bueno, merece la pena escucharlo, es redescubrir algunos temas que ya conocíamos, pero también oír temas menos escuchados —como el adagio del concierto para violín de Conus— magníficamente interpretados por el violín de David Garrett. 

Y es que aunque en este disco David Garrett interprete estos temas de un modo clásico que parecería ser el común, consigue crear un ambiente único y mágico. 

El contenido del disco es el siguiente:

De Wolfgang Amadeus Mozart (1756 - 1791):
Violin Concerto in D, KV271i con una cadenza de George Enescu (Allegro maestoso).
Sonata for Piano and Violin in B flat, K.454 (Allegretto).

De Johann Sebastian Bach (1685 - 1750):
Partita for Violin Solo No.2 in D minor, BWV 1004 (Giga). 

De Ludwig van Beethoven (1770 - 1827):
Sonata for Violin and Piano No.5 in F, Op.24 - "Spring" (Allegro ).

 De Niccolò Paganini (1782 - 1840):
 24 Caprices for Violin, Op.1 

 De Jules Conus (1869 - 1942):
 Violin Concerto in e minor (Adagio).

 De Peter Ilyich Tchaikovsky (1840 - 1893):
 Violin Concerto in D, Op.35  (Allegro vivacissimo).


Por eso si tienen oportunidad de escuchar este disco, se los aconsejo, porque es una delicia disfrutar de la maestría de este virtuoso del violín interpretando piezas conocidas y otras no tanto. ¡Qué disfruten!

Algunos videos de David Garrett:






Esta es la portada del disco:


domingo, 13 de enero de 2013

LA MÚSICA CLÁSICA EN EL CINE... El cd "Favorite film music"

Acabo de escuchar un cd de la colección Inspiration que se llama "FAVORITE FILM MUSIC" y que más que nada me parece una verdadera «escuela» para que mucha gente aprenda y pruebe el gusto por la música clásica.

El disco contiene obras de Johann Sebastian Bach, Sir Edward Elgar, Gustav Holst, Wolfgang Amadeus Mozart, Giovanni Pergolesi, Giacomo Puccini, Franz Schubert, Francisco Tarrega, Peter Ilyich Tchaikovsky que han aparecido en películas como Un milagro para Lorenzo, El silencio de los inocentes, Billy Elliot, Ace Ventura, Entre copas, Memorias de África, Amadeus, El club de la suerte y la alegría, Elizabeth y otras más.

El cine y la música clásica muchísimas veces se unen, en ocasiones han dado pie a excelentes ambientaciones de películas o han creado conjuntamente escenas míticas y han hecho que mucha gente llegue a conocer las obras de los grandes compositores gracias a una película, cuyo momento, musicalizado por uno de los «grandes» ha quedado grabado en su corazón.

Este disco nos presenta dieciocho obras clásicas de bandas sonoras que seguro se han quedado en la pupila y en el tímpano de quien ha disfrutado de las mismas. Quien haya visto Memorias de Africa, recordará el bello Concierto para oboe y orquesta de W.A. Mozart. Cómo olvidar el Nessun dorma de la ópera Turandot, obra de Puccini, en Las brujas de Eastwick, la música de Tarrega en la película Entre copas, o El lago de los cisnes de Tchaikovsky en Billi Elliot.

Desde los primeros comienzos del cine, la música ha sido un elemento fundamental como potenciador de la imagen. La música clásica en la pantalla grande, ha ayudado mucho para que se expresen sentimientos, circunstancias, pensamientos e ideas que conmueven la sensibilidad del individuo y  producen una transformación psicológica en el cinéfilo metiéndolo en la escena.

Este disco, contiene casi todo género de música clásica, podemos ir al Ballet, al periodo Barroco, a las piezas de carácter fuerte, al periodo clásico propiamente dicho, a la Ópera buffa, al Concierto, a la Ópera, a los Motetes, a una Sinfonía y detenernos en en Adagio, podemos escuchar algo del periodo romántico o un quinteto de cuerdas, podemos escuchar Temas y Variaciones y más, lo cual, como afirme desde el inicio del comentario, hace de esto una escuela de música, ofreciendo al oyente una especie de  curso rápido de apreciación musical. Hay innumerables ejemplos de uso de música clásica en los que la pieza está tan bien elegida y refuerza tanto lo que se proyecta en la pantalla que parecería imposible crear una obra que pueda cumplir mejor esas funciones. Estoy pensando en Breve encuentro y el Concierto Nº 2 de Rachmaninov, o en los dos Strauss (Richard y Johann hijo) en 2001 Odisea del espacio. ¿Seríal igual muchas de estas películas sin esa música clásica? Seguro que no.

En este cd tenemos directores de la talla de Adrian Boult, Colin Davis, Norman Del Mar, Herbert Von Karajan, Alain Lombard, Riccardo Muti, Paul Daniel, Andre Previn, Sir Simon Rattle, Sir Neville Marriner y Hans Vonk. Podemos escuchara solistas como Barry Tuckwell con el crono francés, Robin Blaze y Robert Cohen en el Cello, Fritz Helmis y James Galway con sus flautas, el tenor José Carreras y la soprano Lesley Garrett. Aquí deleitamos nuestro oído escuchando al piano a Radu Lupu y Christopher Parkening, y a Sabine Meyer en el clarinete.

En esta ocasión remito a otra página para ver el elenco del cd y poderlo disfrutar, y coloco algunas de las obras en videos que no son de las películas.


Algunas de las obras que aparecen en el cd:

Concierto para clarinete de Mozart en "Memorias de África":


Ave verum de Mozart en "Un milagro para Lorenzo"


Variaciones Goldberg de Bach en "El silencio de los inocentes":


Favorite Film Music
Varios compositores
Realizado el 26 de julio de 2011.
EMI Classics

domingo, 14 de octubre de 2012

«PRAGA»... La sinfonía 38 de Mozart

He vuelto a escuchar en estos días la La Sinfonía n.º 38 en re mayor K. 504 de Wolfgang Amadeus Mozart, titulada «Praga», que es una sinfonía grandiosa, de ritmo persistente y repleta de sorprendentes modulaciones. Una sinfonía que vale la pena escuchar y que por eso es mi recomendación para escuchar con calma esta semana.

Es muy importante escuchar detenidamente esta sinfonía, porque en ella Mozart pone fin a la época de grandes trabajos de inspiración haydniana, y sienta las bases de sus últimas composiciones, determinando el modelo al que se referiría más tarde Beethoven, al comienzo de su desarrollo sinfónico.

La obra es conocida como «Praga» porque durante mucho tiempo se creyó que Mozart la había compuesto para su primera estancia en Praga, en enero de 1787 pero luego se supo que ese no fue el motivo, pero, de cualquier manera, la primera ejecución pública de ela Sinfonía No. 38 tuvo lugar en Praga el 19 de enero de 1787 en el Teatro de la Ópera, en una sala abarrotada y con la calurosa acogida que Mozart esperaba de los asistentes.

Una característica muy propia de esta sinfonía es la ausencia de un minueto, cosa que muchos atribuyeron al hecho de que en Praga, al contrario que en Viena, todavía se prefería la antigua forma en tres movimientos y, por lo tanto, el hecho no puede interpretarse como elección estética ni como un retorno a viejos modelos. En esta sinfonía no encontramos nada deslumbrante o novedoso de por sí, sin o que esta ausencia del minueto, la densidad expresiva y la complejidad formal son las marcas de una obra en la que prevalece el aspecto íntimo y reflexivo que puede acompañar un momento de calma, de serenidad o de reflexión.

Indudablemente la obra es una de las cimas del autor, a pesar de que sólo integra tres movimientos en lugar de los cuatro tradicionales. La ausencia del clásico minueto se compensa por la introducción lenta que abre la composición, influencia de los progresos sinfónicos de su querido Haydn (y que tanto peso habría de tener en Beethoven).

En el primer movimiento —que es lento, cosa poco frecuente en las sinfonías del austriaco—, «adagio», Mozart nos transporta repentinamente a los vértices de su propio estilo: el concepto expresado en la época por Niemetschek y en 1989 por H. C. Robbins Landon nos conduce al final sublime. El primero usado en sentido estético, mientras que el segundo pretende caracterizar las fuerzas del movimiento sinfónico que se liberan en su totalidad.

El segundo movimiento, «andante», tiene un carácter más cantable, aunque también fue compuesto a base de pocas células básicas, en cierta medida afines a las ya utilizadas en el allegro que cerraba el primer movimiento. La tensión se mantiene alta alternando elementos serenos y oscuros.

En el final, «finale», Mozart retoma de forma melódica el elemento sincopado presente en el allegro inicial; no obstante, no se crean contrastes insuperables y el movimiento termina con toda la orquesta exultante.

Esta sinfonía marcará el inicio de un estilo de sinfonismo mozartiano muy marcado de gran expresividad y que eleva la sinfonía a una forma mayor, después de otras sinfonías de transición como la Linz y la Haffner y que desembocará en la 41 "Júpiter". Hasta hoy esta sinfonía permanece como favorita en Praga, y sin duda ha sido interpretada cientos de veces.

Tres versiones diferentes de esta bellísima sinfonía:



domingo, 24 de junio de 2012

El único concierto para arpa de Mozart... Simplemente fenomenal

Creo que todos hemos escuchado hablar de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, tal vez no por su nombre completo, sino simplemente por Wolfgang Amadeus Mozart, o sencillamente Mozart. Sabemos que fue un compositor y pianista que nació en Salzburgo, Austri el; 27 de enero de 1756 y que murió en Viena, Austria el 5 de diciembre de 1791, prácticamente en la miseria, por lo que fue sepultado en el cementerio común.

Considerado como uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia, Mozart, que escribió muchísima música, solamente nos dejó una única pieza para arpa: el Concierto para flauta, arpa y orquesta en do mayor, K. 299/297c, que es, al mismo tiempo, uno de los dos conciertos dobles que escribió y uno de los más populares en el repertorio de ese instrumento maravilloso.

La obra mozartiana abarca todos los géneros musicales de su época y alcanza más de seiscientas creaciones, en su mayoría reconocidas como obras maestras de la música sinfónica, concertante, de cámara, para piano, operística y coral, logrando una popularidad y difusión universales y de dimensiones fastuosas.

En su niñez más temprana en Salzburgo, Mozart mostró una capacidad prodigiosa en el dominio de instrumentos de teclado y del violín. Componía obras musicales desde que tenía cinco años y sus interpretaciones eran del aprecio de la aristocracia y de la realeza de sus tiempos en Europa. A los diecisiete años fue contratado como músico en la corte de Salzburgo, pero su inquietud le llevó a viajar en busca de una mejor posición, siempre componiendo de forma prolífica. Durante su visita a Viena en el año de 1781, después de ser despedido de su puesto en la corte, decidió radicar en esta ciudad donde alcanzó la fama que mantuvo el resto de su vida, a pesar de pasar por situaciones financieras muy difíciles. En sus años finales, compuso muchas de sus sinfonías, conciertos y óperas más conocidas, así como su famoso Réquiem. Las circunstancias de su temprana muerte han sido objeto de numerosas especulaciones.

En palabras de críticos de música como Nicholas Till, Mozart siempre aprendía vorazmente de otros músicos y desarrolló un esplendor y una madurez de un estilo que abarcó desde la luz y la elegancia hasta la la oscuridad y la pasión, todo bien fundado por una visión de humanidad redimida por el arte, perdonada y reconciliada con la naturaleza y lo absoluto. La influencia de Mozart en toda la música occidental posterior es profunda; Ludwig van Beethoven escribió sus primeras composiciones a su sombra, y Joseph Haydn escribió que «la posteridad no verá tal talento otra vez en 100 años».

Este concierto que les invito a escuchar, fue escrito a finales del mes de marzo de 1778, en el año en que Mozart viajó a París con su padre, el hábil músico y empresario Leopold Mozart, y entre los encargos que se le hicieron estaba el del duque de Guisnes de componer un concierto para flauta y arpa para ser interpretado por él, un buen flautista aficionado, y su hija, una excelente arpista. Se trata prácticamente de una composición de salón llena de encanto en la que Mozart demuestra su asimilación de las costumbres y los gustos de la sociedad de un país extranjero.

¡Disfruten!

domingo, 5 de febrero de 2012

GUITARRA CLÁSICA... El Cuarteto de Boccherini

Acceder a la música clásica puede ser algo difícil para quienes apenas se van iniciando en el gusto y conocimiento de la misma. Hay demasiadas obras, muchos compositores, no toda la música clásica es fácil de escuchar, hay multitud de temas, de estilos, de intérpretes, y uno puede sentir hasta vergüenza de entrar en la sección de clásica de las tiendas de discos si no es capaz de citar al menos 5 obras de Mozart de corrido.

Muchos, cuando ven mi gusto por la música clásica, me dicen que no tienen oído para la música, que desde pequeños nunca aprendieron a apreciar este tipo de música, que se aburren, que no saben por dónde empezar a escuchar y un sin fin de pretextos. Pero esto no tiene por qué ser un obstáculo para quien va aprendiendo. La música clásica es clásica por algo: porque es maravillosa. y perdura siempre.

El disco que recomiendo para esta semana " Classical Guitar" es un buen recuerdo que guardo de Tina Urquiza Fernández, quien hace algunos años lo hizo llegar a este incipiente melómano y amante de la lectura. Es un álbum canadiense de guitarra clásica del Boccherini Guitar Quartet, que nos brinda música para relajarse y desocuparse un rato, o tal vez para serenarse y acompañar el arduo trabajo (principalmente después de un día duro de trabajo o ejercicio), escuchando hermosa música de grandes compositores clásicos en guitarra con obras fáciles de reconocer y más o menos fáciles de escuchar.

La guitarra es un instrumento que no forma parte en la plantilla permanente se una orquesta sinfónica y ciertamente no hay muchas obras para guitarra, por dos razones fuertes. La primera es porque la orquesta sinfónica actual —salvo la adición de unos cuantos instrumentos— es la misma desde hace siglos, cuando las guitarras no estaban totalmente desarrolladas y por eso no eran consideradas como parte del ensamble orquestal debido a su incipiente carrera musical. Segundo,  la guitarra es lo que algunos llaman, un instrumento «íntimo», ya que no tiene mucho volumen ni proyección sonora como otros instrumentos, digamos el violín, por ejemplo, que si es bien tocado, puede sobresalir aún tocando la orquesta completa.Sin embargo la aparición de la guitarra como parte de la orquesta sí se produce, aunque sea poco habitual. Tenemos el caso de la 7ª Sinfonía de Gustav Mahler y algunas obras de cámara de Arnold Schoenberg. Entre las grandes obras para guitarra acompañadas por orquesta se encuentran "Recuerdos de Alhambra" de Francisco Tárrega y el famoso "Concierto de Aranjuez" de Joaquín Rodrigo, del que ya hemos hablado anteriormente.

Esta vez escucharemos música que no propiamente fue creada para guitarra, pero que suena estupenda  y que puede ayudar a «enamorarse» de la música clásica acercándose a ella a través de un instrumento que para nosotros es bastante conocido y noble.

Entre las piezas de este álbum se encuentran obras muy conocidas y que deleitan el oído. Les dejo cinco piezas extraídas de este álbum  ¡Disfruten la guitarra!

1. Air on the G String ® Bach


2. Romanza ® Traditional


3. Eine Kleine Nachtmusik ® Mozart


4. Moonlight Sonata ® Beethoven


5. Pavane pour une infante defunte ® Ravel



Portada del disco:


Contraportada:



domingo, 29 de enero de 2012

Bobby McFerrin y Chick Corea... Música de Mozart con algo propio

Hoy quiero recomendarles un disco que me pareció bastante interesante. Se trata del trabajo realizado por el extraordinario vocalista y director de orquesta Bobby McFerrin en compañía del genial pianista Chick Corea. Sé que parece una singular alianza, pero de este hecho extraordinario no podía resultar otra cosa que no fuera un álbum excepcional: el binomio McFerrin-Corea es la combinación exacta voz/instrumento. Y si la música que une a estos dos grandes es la de Mozart... ¡no hay casi nada más qué decir!

Bobby McFerrin, nació en Manhattan el 11 de marzo de 1950, es un intérprete a capella largamente influenciado por el jazz y director de orquesta. Es hijo del renombrado solista Robert McFerrin y una de sus creaciones, la canción «Don't Worry, Be Happy» McFerrin, en este álbum, aparte de cantar según su singular técnica, también dirige la orquesta (St. Paul Chamber Orchestra).  Corea, por su parte no hace nada por ocultar que tiene una sensibilidad formada, no sólo en la música académica, sino tambien en el jazz.

Armando Anthony Corea, con antecedentes italianos y españoles, nació en Massachusetts el 12 de junio de 1941 y es más conocido como Chick Corea, es un pianista, tecladista y compositor estadounidense de jazz, ganador de numerosos premios Grammy.

La «Saint Paul Chamber Orchestra» (SPCO), tiene su base en Saint Paul, Minnesota, y es la única Orquesta de Cámara en Estados Unidos que toca a tiempo completo durante todo el año. En colaboración con cinco socios artísticos, los 34 músicos virtuosos que la integran, presentan más de 130 conciertos y programas educativos cada año y es común escuchar sus grabaciones en la radio pública, alcanzando cifras que van alrededor de 1,5 millones de oyentes cada semana en 243 estaciones, y contando los podcasts llegando a 480.000 oyentes cada semana en 125 estaciones en todo el país.

Escuchen esta maravilla y pongan en un comentario qué les pareció.





domingo, 11 de septiembre de 2011

Alison Balsom... "Classic Brite Awards" 2011 a la mejor intérprete femenina, música para trompeta

Hoy presento un poco de música interpretada por Alison Balsom, una trompetista inglesa solista, quien ha recibido numerosos premios por su gran talento y aunque no es muy conocida entre nosotros ya se ha presentado en México. En este disco hace gala de sus habilidades interpretando piezas bastante variadas en cuanto a los estilos y periodos de la música. 

Me parece interesante escuchar la trompeta con un sonido fresco y muy versátil.Estoy seguro que a muchos les gustará. Los "Classic Brite Awards" la han seleccionado como la artista femenina del año en este 2011.

La trompeta es un instrumento poco común para escucharse como solista, sin embargo, Alison da increíbles saltos de una compositor a otro, de un ritmo a otro, de una época a otra, dejando el sentido del oído con el gusto de haberle escuchado. Balsom es acompañada en este disco por la Orquesta Sinfónica de Gothenburg dirigida por un director bastante joven, nacido en 1974 y ya muy conocido —no sólo por haber estado casado un tiempo con ella— sino por su trayectoria musical que lo ha hecho también acreedor a varios premios: Edward Gardner.

Pueden escuchar y ver a Alison Balsom en este video y descargar el disco en el enlace al calce, gracias a la página "Sonido  Clásico". 



domingo, 27 de febrero de 2011

Mozart: 'Gran Partita' Serenade, K.361 / Berg: Kammerkonzert (Chamber Concerto) ~ Boulez... Música de Mozart y Berg

Berg-Mozart parecería un binomio imposible, o al menos, poco probable para un especialista en música del siglo XX y la vanguardia. Y sin embargo la lectura de Boulez es sencillamente deslumbrante y espectacular. El disco que que presento contiene dos composiciones:De Mozart nos ofrece Serenade in B flat major for 13 wind instruments "Gran Partita" y de Berg escucharemos "Chamber Concerto for piano, violin and 13 wind instruments". 

A pesar de su corta vida y su aparente malograda carrera, Mozart se encuentra entre los grandes genios de la música. Su inmensa producción (más de 600 obras), muestra a una persona que, ya desde niño, dominaba la técnica de la composición a la vez que poseía una imaginación desbordante. Sus obras instrumentales incluyen sinfonías, divertimentos, sonatas, música de cámara para distintas combinaciones de instrumentos, y conciertos; sus obras vocales son, básicamente, óperas y música sacra. Sus manuscritos muestran cómo, salvo cuando hacía borradores de pasajes especialmente difíciles, primero pensaba la obra entera y luego la escribía. Su música combina las dulces melodías del estilo italiano, y la forma y el contrapunto de Alemania. Mozart, sobre todo en sus conciertos, con los dramáticos contrastes entre el instrumento solista y la orquesta, y en las óperas, con las reacciones de sus personajes ante diferentes situaciones, hace una producción lírica que pone de manifiesto nueva unidad entre la parte vocal y la instrumental, con una delicada caracterización y el uso del estilo sinfónico propio de los grandes grupos instrumentales.

Por otra parte, Alban Berg (9 de febrero de 1885 – † 24 de diciembre de 1935) es un compositor austriaco cuya música es clave en la música culta del siglo XX. Su música tiene una sonoridad que siempre evoca la tonalidad, llevándonos siempre al romanticismo con una inclinación marcadamente dramática. Cuando era pequeño, Berg tenía más interés por la literatura que la música y comenzó a componer lieder y dúos desde los quince años, con la educación musical tradicional que tuvo.  Después fue alumno de Arnold  Schönberg y perteneció a la Segunda Escuela de Viena. En 1910 terminó sus estudios con Schönberg. Su obra de "graduación" fue la Sonata para piano catalogada como Op. 1; y según comentarios, es una de las obras más formidables jamás escritas por un compositor. Siguió componiendo y trabajando en el último descubrimiento de su maestro, la técnica dodecafónica, que utilizó de forma libre. Escribió algunos artículos sobre música. Falleció en la nochebuena de 1935, de una septicemia causada, al parecer, por una picadura de abeja, dejando su ópera "Lulu" inconclusa, le faltaba la orquestación del acto III. La obra sería orquestada después por el compositor austríaco Friedrich Cerha hasta 1979 en París, y estrenada nada más y nada menos que bajo la dirección de Pierre Boulez.

La elegancia y equilibrio, la expresividad, la cuidadosa y transparente dimensión sonora de la grabación que les invito a escuchar es simplemente extraordinaria. En este disco encontramos una  interpretación que no está hecha con instrumentos de época, y que es dirigda magistralmente por Pierre Boulez. El conjunto que dirige es el Ensemble InterContemporain. 

Hay en esta grabación algo que resulta sorprendente para quienes piensan que Boulez es un director frío o poco expresivo, esta versión está llena de emoción y de una poderosa fuerza humana que pocas veces he escuchado en otras interpretaciones. Vale la pena escuchar a Mitsuko Uchida al piano y a Christian Tetzlaff en el violín. 

¡Es un disco que vale la pena escuchar!